DIARIO DE UNA PESTE (O DOS) Y UNA ÓPERA

Desde hacía años crecía en nosotros la idea de una ópera sobre la peste de Buenos Aires de 1871. Fue la última y más mortífera de una secuencia de epidemias que se sucedieron en pocos años. Le antecedieron varias de cólera en todo el país (en 1867 y 1869), pero la de fiebre amarilla de aquel verano de 1871 produjo sólo en la ciudad y en un par de meses 13.614 muertes. El episodio nos conmocionaba, y los recuerdos de aquella tragedia impresos en la ciudad se nos volvían ineludibles: viviendo en San Telmo, el barrio donde comenzó y que pronto fue abandonado, recorriendo el Parque Ameghino, que esconde en sus entrañas el Cementerio del Sud, saturado de cuerpos en pocos días y clausurado, y en cuyo centro ahora emerge el “Monumento a los caídos de la fiebre amarilla”, o visitando la gran necrópolis de La Chacarita, inaugurada en aquellos aciagos días.

Más de una década después, rodeados de libros de historia, ensayos, novelas, obras de teatro, videos y música sobre el tema, y de diarios e impresos de aquella época acopiados en todo este tiempo, reparamos en que se cumplirían ciento cincuenta años de aquel terrible episodio de nuestra historia. ¡Aniversario!, ya no cabían más excusas, era tiempo de escribir la dramaturgia, componer la música, imaginar a sus intérpretes y hablarles, filmar, fotografiar, grabar, diseñar vestuario… Estábamos inmersos en ese proceso cuando el planeta -no ya nuestro país ni nuestra ciudad- sucumbió ante una nueva epidemia. El destino quiso la redondez numérica del siglo y medio para nuestra ciudad, entre aquella de fiebre amarilla y la actual pandemia de covid-19. La lenta cocción de una década de aquella idea ya sabía rancia. Nosotros vivíamos nuestra propia y actual peste. El pánico que leíamos en aquellos porteños ya no nos era ajeno y debía entrar en la ópera.

Diario de la gesta de una ópera sobre una peste, en el encierro de otra.

Diálogo entre ambos acontecimientos-bisagra de la historia, distantes y semejantes. Acumulación -como en nuestra mesa de trabajo- de escritos, películas, músicas, óperas, pinturas, fotografías. 

Entrevistas a especialistas, historiadores, críticos de arte, musicólogos, médicos. 

Testimonio de un proceso nacido hace años, expandido en cuarentena.

(Proyecto del Cementerio del Sud, diseñado por Prilidiano Pueyrredón.
Publicado en Memoria de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Correspondiente al año 1858)

27 de enero

En este lugar aparentemente insignificante, hoy un espacio enrejado, sucio y sombrío por la autopista, sucedió uno de los eventos que cambió la historia de Buenos Aires: los doctores Argerich y Gallarini, eminentes médicos de la Comisión Municipal de Higiene, fueron llamados para dar parte de dos dudosas muertes, las de dos inmigrantes italianos que vivían en un conventillo que acá se levantaba. Eso sucedió un día sofocante como el de hoy, hace exactamente ciento cincuenta años, el 27 de enero de 1871.

Los doctores entraron al inquilinato de la calle Bolívar entre San Juan y Cochabamba en San Telmo (el barrio donde decían, empezaban todas las enfermedades), y allí estaban Ángel Vignolo, de 68 años, y su nuera Colomba, de 18, ambos muertos y con los signos inequívocos de la temida fiebre amarilla. Sus nombres quedaron grabados en la historia argentina, ya que fueron los que encabezaron la pavorosa cifra de 13.614 defunciones ocurridas en pocos meses.

Una cosa asquerosa

Fragmento de la primera escena de la tragedia histórica

La máscara de la muerte amarilla.

Buenos Aires, poco tiempo antes de la epidemia

de fiebre amarilla de 1871.

Sofía Drever, soprano

Anahí Fernández Caballero, mezzo soprano

Ana Ligia Mastruzzo, flauta

Rodrigo Olmedo, tenor

Alejandro Schijman, barítono

Guillermo Vega Fischer, piano

Manuel Pérez Vizán, edición de sonido

Pablo Archetti, video

Guillermo Vega Fischer, texto y música

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